Todos los miedos

Ese gatito tiembla de una manera extrema

mientras lo sostengo entre mis manos

pareciera deshacerse como un puñadito de arena en el viento.

Jamás pensé que tanto miedo pudiera caber en un solo cuerpo

como si en este preciso momento sintiera todos los miedos posibles

que existen en el mundo.

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Alrededor tuyo

Me desvestís como queriendo entender

mis vaivenes e incertezas

la inestabilidad de un actor

¿Cuál de todos sus papeles interpretará el día de hoy?

 

A veces hasta gritas por tanta confusión

porque en el fondo te molesta no entender

pero por si acaso no hay palabras

resolvemos los enojos haciendo el amor.

 

Como en cámara lenta recuerdo ese mar

que fue distinto a todos los otros

nos tiramos al sol con los ojos colmados de abundancia

y reímos hasta entrada la noche.

 

Un suspiro a destiempo

se desvela por la ciudad.

Salir del molde

Dos veces no

te refriego el capricho en la nariz

percibo el gusto de ver tu enojo asomarse

salirse del molde y empujar hacia tus ojos.

 

Mi lenguaje se torna lacerante

espejado me hiero para sentir

lo que hay de vos en mí

o viceversa, vaya a uno a saber.

 

Y es que a veces extraño tanto que podamos pelear

desafiarnos a querernos más

discutirte y enojarte

como hamacarnos en la orilla.

Gestualidades

Resquebrajado entre mis manos

rechina la coyuntura mientras salivo ansioso

bocados que me asfixian

en la cama semi vacía.

 

Sin correrme de la luz

sábanas blancas y un espacio muerto

la distancia difusa

se fagocita a sí misma desde lo profundo.

 

Compulsiones en las formas y en los gestos

el cuerpo cansado

y una mano que acaricia

que mece la cuna

que aísla.

Lo inconsciente

Manos. Algunas manos recorren mi cuello. Son muchas manos las que me abrazan desnudo. Manos de mujeres, manos de hombres. Oprimen con fuerza. Acarician delicadamente. Muchas manos. Apenas puedo distinguir la suavidad tersa de lo femenino con los peludos nudillos masculinos. Una mano blanca y gruesa, con dedos largos me tapa la boca. Me encuentro sentado sobre una silla desnudo, rodeado por un montón de manos que me retienen intentando darme placer, presionando, hurgando, sacudiendo, pellizcando. Mis pupilas se dilatan. Estoy inmobilizado por la fuerza de las manos. Enmudecido. Una gota recorre mi ojo derecho, lo cierro. No hay luz, estoy empapado en sudor mientras siento el extremo. Lamo los dedos que tapan mi boca. Uno de ellos juega con mi lengua. Me sigue costando conciliar el sueño.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ronroneo Mental – 3 de febrero

Éxtasis de ideas que se superponen, se contradicen

se complementan y rehúyen

tan importantes cada una de ellas

que enternecen e invitan a acariciarlas detenidamente.

 

Cada pensamiento es importante

recurrentes o pasajeros

casi alucinógenos

tan míos.

 

Incorpóreo entre luces ligeras

bailando de madrugada en soledad

redescubro las formas y los pliegues propios

desde el placer de la mirada volcada sobre sí.

 

Reparo en que nadie me observa cantar

juegos de sombras proyectan rayos blanquecinos

coronan la escena onanista

en un resurgir de imágenes confusas.

 

Algunas palabras te enojaron frente al mar

no las recuerdo por elección

nisiquiera resisten pedido de disculpas

son solo un verso entre un compendio de poesías

de todo lo que escribimos anudados en la playa.

 

No fue mi intención de todas formas

y aquí te espero entre las voces

prometiendo volver a cantarte la canción

todas las veces que lo pidas.

 

 

 

Piedras chinas

Reposo en el límite de la vereda

con mis ojos sobre el asfalto

mientras hago rechinar entre sí las piedras.

 

Me gustan los sonidos del choque

así me paso la tarde

esperando que tu mano me invite

a soñar con sencillez

o a tomar un helado.

 

Pongo dos chinas en mi bolsillo derecho

para arrojarlas después desde la terraza

y acostarme temprano

con las persianas bajas.