Domingo de pascuas en la casa de campo

Meses habían pasado de mi última visita a la casa de campo. Por una u otra razón había intentado evitar el encuentro con aquel lugar, tan lleno de tu presencia y de tus detalles casi femeninos. Los mismos que se observaban todavía tibios, como el solcito que se cuela a trasluz de la paja del quincho que hizo mi papá.

Todo estaba bastante cambiado: se habían modificado las estructuras de la casa, una pared derribada y varios postes apilados sobre el tejido que daba a la casa del vecino. La casa, en la que hasta hace unos pocos días había vivido Doña Ramona, la viejita que te hizo una planta (la que dicen es para atraer la plata).

En estos lugares, no importa mucho si se es pariente o no, pero siempre se respetan los días de duelo. La invisibilidad en la ruralidad es casi imposible. Por ello, mantuvimos la música bajita la mayor parte del tiempo.

La sobremesa transcurría serena, hasta que lavando los platos me agaché para buscar algo debajo de la mesada. Y ahí estaban: el yerbero lila que elegiste con forma de lecherito, las tacitas, los platos y utensilios que soñamos juntos. Guardé algunas cosas en la alacena y ví por la ventana la casita de pájaros, en la cual nunca vimos uno, pero que siempre estaba rodeada de mariposas.

Vos y tu manía de impregnarlo todo. Te metiste por los rincones para regarlos con tu esencia y recordarme en cada minúsculo objeto que anduviste por acá. Y siempre escapé de los «para siempre», pero sin embargo ahí todo me observaba indagando acerca de tu repentina partida.

Pienso en eso, en lo difícil de confiar en tu mirada y los siempre persistentes secretos y actitudes sospechosas. Las dos veces que me tiraste el puño cerrado; uno lo frenaste en seco ante mis ojos y otro se lo terminaste dando a la pared. También en tu casa, azotaste una cuchara en la mesa para pedirme que dejara de hablar. Así de intenso todo, en lo grande y en lo pequeño de la cotidianeidad.

Les llevé a todos conejitos de chocolate, que compartimos con café y con rodajas de rosca de pascuas. Volví a casa en silencio. Debe ser que es domingo y está nublado.

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