Salvoconducto

Una semana en que la soledad impuso su reinado

la ciudad se detuvo

su majestad se pasea airoso.

 

Tengo té de ensueños

servido en una taza con platito

una asfixiante necesidad de abrazar.

 

Imagino salvoconductos posibles

mientras se pierde la ilusión de un jueves

cuando llega la noche

y no estás.

 

Cada dos horas

le doy una nueva vuelta al torniquete del caño

para evitar el goteo

de la pérdida.

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