Piedras chinas

Reposo en el límite de la vereda

con mis ojos sobre el asfalto

mientras hago rechinar entre sí las piedras.

 

Me gustan los sonidos del choque

así me paso la tarde

esperando que tu mano me invite

a soñar con sencillez

o a tomar un helado.

 

Pongo dos chinas en mi bolsillo derecho

para arrojarlas después desde la terraza

y acostarme temprano

con las persianas bajas.