Llenar baúles con historias inconclusas

Dos grandes manos juegan con espejos y manipulan, agrandan y disminuyen las formas de nuestros cuerpos: muy cerca o muy lejos de acuerdo al movimiento, de arriba hacia abajo, redondeando los perfiles y alargando las extremidades, casi como burla a los sentidos. Así nos vemos.

Reflexiono sobre nuestros límites, en las legalidades sobre las que no nos abrimos paso y en todas las esferas de tu vida que me serán negadas a pesar de desearlas hondamente. Quizás esas fotos que resguarda tu madre llegarán a mis manos algún día en silencio y difícilmente alguien me cuente anécdotas de tu infancia, quedando todo en baúles que llenaré con historias inconclusas. Podré hasta enojarme y protestar receloso por alguna imagen o simplemente contemplar resarcido el poderoso caudal de tus días pasados en los cuales te desconocía corpóreamente.

Nadie sabrá nunca sobre la infinidad de oportunidades en las cuales te he visto llorar sosteniéndote con toda la energía que me mantiene en pie, haciendo malabares para no quebrantarme, observando detenidamente con dolor cada lágrima de ojo verde dulzón recorrer tu semblante hasta perderse en tu mentón.

Me gustaría volverme pájaro sólo para observarte por un segundo jugar con los chicos en la plaza, como aquella vez que incógnito deambulaba por el pueblo, corriendo para presenciar clandestinamente tu satisfacción anhelada de disfrutar con ellos un helado antes de retornar a la soledad.

Pesaroso, seguiré honrando las elecciones álmicas y esperando las fragancias del reencuentro cuando los tiempos y las lunas indiquen que la magnificencia de nuestro vínculo estelado, puede iluminarse también con el Sol.