No me gustan las tormentas

Las tormentas me quebrantan

Los vientos nocturnos me marean

Hieren los departamentos en torre

Que resguardan ojos perdidos en medialunas.

Añoro luz ante mis balbuceos

Reiteradamente el sol se retrae y me antojo rebanadas

De otoños, de lamentos y de Benedetti.

Me hago chiquito para disimular

Como un diminuto liliputiense

Minúsculo como enanito de cuentos

Que apenas ocupa un espacio breve

En una cama abrumadoramente anaranjada.

Mis ventanas son tan transparentes

Que traslucen estampas dactilares

De pulgares que recogen pestañas desgajadas

Y reliquias de luna llena.

En mi pequeñez me asomo levemente

Entre unas cortinas de color maíz

Para oler el aire fresco a través del vidrio.

Como muñequito artesanal de feria

Espero efusivo que la rueda reinicie su vuelta

Y el alba me reconozca borroneando

Mis trazos rudimentarios de duende.

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