Esto sí que es…

Reencuentro vociferante

huelo la carne caramelizada

refriego mis labios hinchados

delicioso banquete deshumanizante

tormentosa súplica caníbal

gritos

confesiones

avideces

latidos que crujen

resquebrajados

cuarteados

descuartizados

saliva aguachenta

mis manos dominan tu cintura

tus dientes abren surcos despiadados

secuelas postreras de tus besos

el cuerpo arde

duele

pesa

empachado de exceso

rehúyo de mis dudas

elijo combatir mi desconfianza

y sentir

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No me sigas

Intento conversar con tu alma

rígida me persigue con ojos estáticos

me asusta su afonía

la interpelo

le reprocho fantasmales traiciones.

Muda se traslada tras mis pasos

acrecienta su vigilancia ante mis traspiés

me sermonea si me vuelvo piel

esconde mis zapatillas e intenta retenerme inmóvil

sin cuerpo, sin deslices.

No admite secretos

reprocha mis desatenciones

sonríe cuando la percibo.

Se posa en el lado izquierdo de mi cama

espera que me duerma para abrazarme

y es el único instante en que sus párpados se relajan.

Sonoridad hueca

Despedazo mi ropa

muerdo el borde de mis camisas

las agrieto con las dos manos

arranco las mangas y desmenuzo sus partes.

Cómodamente observo los retazos que caen

Intento deshilvanar cada trozo de tela

Mientras grito hondamente en silencio.

El dolor es penetrante y ahuecado

Ahuecado

Hundir el dedo índice en un postre

Escribir nuestra distancia

Tirar una piedra al río en domingo

Ahuecado

Un bizcochuelo que espera comensales

El rumor de dos lenguas que se intercalan

Las caricias calentitas sobre el pelo

Ahuecado

Voces que perduran insomnes

la espera inútil de un rescate

llamadas sin emisor, ni receptor, ni mensaje

Poemas anónimos, hundidos, ahuecados.

Escuchar tus latidos

Entrañas que simulan rostros

No llaman, no rugen, no apetecen

No atesoran pececitos en pompas.

Aletargan murmullos somníferos

En tardíos gemidos

Culpa de buitres carroñeros

Sobre los restos de un amor maleherido.

Mortajas hiladas con esperanzas

Coronan los costados de tus orejas

dos pelos rubios se asoman

Y preguntan por mis suspiros desabrigados.

Te cuentan tus pájaros sobre mis confusos ojos

Merodean los blancos sobre mis pies

Y ansío nuevamente resarcirme en vos

Como quien ávido de paz

Retorna a sus latidos

y reposa en tu pecho.

No pretendo ser normal

Salvaje ansiedad solemne

Manipuleo de pobres nómades

Sortilegio aventurado de destino

Relojes, retrasos burdos

Tan burdo como comer

Tan burdo como dormir

Tan burdo como coger.

Vidas huecas sin amor

Ladridos repetidos de perros llorones

Alianzas precoces y procaces

La soledad retumba muerte.

Crepúsculos vacantes frente al tedio

Tedio solitario

Tedio silencioso

Tedio banal.

Miseria de sentir y experimentar vientos

Lamerte, lamernos los yugos

Dependientes trampas que somos

ataduras de estrellas añejas.

Vivir sin lazos es sucumbir al hábito

De una normalidad exasperante.

La puta de los miércoles

Los miércoles vuelvo a casa encandilado

por el perfil de la misma puta

en la esquina de la terminal permanece apática

aguardando sedentaria en el mismo umbral.

De media cola en su pelo desteñido

a veces comiendo de parada

colectivos y peatones a la redonda

clientes ficticios y muecas de abandono.

Nadie tramará junto a ella su destino dorado

torpemente la invitarán a desvestirse

sin promesas insólitas o absurdas.

Hechizo nocturno de escritura

deseo ver a la puta

hamacarse levantando al unísono las piernas

caminar junto a alguien tomada de la mano

perderse en sueños y reír a carcajadas.

Enmascarado la observo con detenimiento efímero

reconstruyo halagos en su rostro de mujer desahuciada.

No me gustan las tormentas

Las tormentas me quebrantan

Los vientos nocturnos me marean

Hieren los departamentos en torre

Que resguardan ojos perdidos en medialunas.

Añoro luz ante mis balbuceos

Reiteradamente el sol se retrae y me antojo rebanadas

De otoños, de lamentos y de Benedetti.

Me hago chiquito para disimular

Como un diminuto liliputiense

Minúsculo como enanito de cuentos

Que apenas ocupa un espacio breve

En una cama abrumadoramente anaranjada.

Mis ventanas son tan transparentes

Que traslucen estampas dactilares

De pulgares que recogen pestañas desgajadas

Y reliquias de luna llena.

En mi pequeñez me asomo levemente

Entre unas cortinas de color maíz

Para oler el aire fresco a través del vidrio.

Como muñequito artesanal de feria

Espero efusivo que la rueda reinicie su vuelta

Y el alba me reconozca borroneando

Mis trazos rudimentarios de duende.