Sentimiento de culpa

En las horas de angustia
Recuerdo tus ojos de perro gris calle
Y con todo el egoísmo del mundo deseo
Llamarte en busca de olvido.
El amor que me brindaste fue de tal madurez
Que no me bastó, lo creí falto de locura
Rechacé tu blancura
Por considerarla apacible, pacífica.
De ser creyente tendría un Dios
Para poder exculpar parte
De mi estupidez tan injusta.
Solté tus sinceras manos pequeñas
Buscando independencia afectiva y soledad
Y sin darme cuenta terminé al tiempo
Cautivo de una entelequia precaria y nefasta.
Cuatro gotas gruesas rodaron por tu rostro aquella tarde
Afligido tomé el primer colectivo
Viajaba con aires de libertad
Como cuando los niños juegan a la distancia
Bajo el amparo de sus padres que los observan.
Sabíamos de antemano que no seríamos capaces de herirnos
Honramos la honestidad y la pureza del vínculo
Con nobleza inusitada.
De todos los amores que me han profesado
Nadie nunca me ha mirado como vos lo hiciste
Clamo piedad a mi necesidad de buscarte
No puedo lastimarte con mi desdicha
Pero sabe el cielo cuánto quisiera
Sentarme en la alfombra de tu habitación
Y dejarnos llevar por el entusiasmo de nuestras charlas.

Espíritu adolescente

Quise redimir en la unción de dos cuerpos
Un espíritu inerte del monte
Y descubrí las más sombrías
Alucinaciones psicodélicas
De ese adolescente íntimo
Que se arroja al peligro sabiendo
De las magulladuras potenciales de su accionar.
Ya no quiero escribir más algunas palabras
Amor, sombras, sacrificio y dolor
Deberían borrarse de mi repertorio
Pero no logro dejar de vibrarlas en cada fibra
De mi cuerpo agobiado de pensamientos.
Cómo hacerle frente a gigantesco desafío
Si me nutro de adrenalina
Me alimento de ceguera y arrojo.
Tu engaño me produce dolor extenuante
Lleno de rabia maldigo los momentos
Cuando entregados a la intensidad creí volar.
Castigo tus mentiras absurdas
Con un hondo pesar de abstinencia
Que me deshace en la cama hueca
De un apesadumbrado miércoles lluvioso.

Autodestrucción

Oscuras y siniestras intenciones
Vomitivos descubrimientos
Sujetos que se complacen
De hurgar la herida abierta de otro.
Lesión emocional, fundacional, latente
La viste, me viste y me despojaste
Lacerando de muerte un corazón que palpita
Y late congoja carente de abrigo.
Amor testarudo en la traición
De mis propias revelaciones sobre mi espíritu
Un espectro que sangra
Tormento que lograste ahondar
En la vergüenza de noches tenebrosas.
Con insomnio y pastillas intento maldecir
Mi ingenua y frívola manía de soñar
Me anuda la garganta
Mi permanente tendencia autodestructiva
De elegir muerte y trocar vida
Mi vida .
Tus manos llenas de sangre tibia de animales de granja
Y el olor…
Ese olor repugnante a muerte sin culpa
Emanaba de tu cuerpo
Cada lunes y jueves de sacrificio vacuno.
Confieso no me atemoriza tanto
Tu desdichado carácter asesino
Como tu siniestra desvergüenza de esconder verdades.
Brindas con la perversión misógina
Celebras tu macabra escena de alevosía
Ignorando las formas de amor que te brindan incluso
Los seres más tiernos de éste mundo
A los cuales les diste vida.
No me sorprende tu indolencia
Priorizas tu animalidad ante todo sentir humano
Me indigno una vez más con mis traspiés.
Confirmo mi perspicacia inconsciente
Y pido al universo una fuerza insondable
Para soltar tanto dolor autoinfligido.

Baires

Ciudad atestada de estímulos apreciados

Efectivo placebo momentáneo

Para relegar el olor a destino trunco que intuyo

En la ausencia de nuestra coincidente obsesión.

Artificio de gran urbe latinoamericana

Fascina  la decrepitud con la cual los porteños peregrinan

Los veo desteñidos en el subte y apestan

A empleo mediocre y mal pago.

Me agota la sensación siniestra y rápidamente

Me vuelvo uno más, con mi desolación a cuestas.

Los miro con condescendencia provinciana

Intento creer que alguna de esas personas

Logra llegar a su casa y sentirse especial

Y hasta pueden brillar en el universo de sus ilusiones.

Imagino detrás de cada par de ojos abatidos

Las posibles madres que han cobijado su niñez

Las caras reflejan una progenitora específica

Protectora, amorosa, cálida

Fría, cruel, violenta

Absorbente, asfixiante, castradora

Indiferente, errante, quizás loca.

¿Serán capaces de brindar amor

Esas figuras humanas de palidez perpetua

Que circulan en subte?

Faroles

Dos horas de espera

El tiempo, la muerte y la resurrección

Dos horas reglamentarias para tus hijos.

Fiel a tus necesidades, te espero

De respetuoso silencio simulado

En un plaza que parece muerta

Velada por desconsolados faroles.

Un perro curioso se pasea, olfatea y me observa

Parece revelar el  secreto

Que ninguno de los vecinos se atreve siquiera a sugerir.

Impaciente  termino mis cigarrillos

Distenderme resulta imposible

Podría morir en la espera

Nadie sabría de mi existencia en este lejano lugar

Mi clandestinidad me convertiría acaso

En un cuerpo librado a su suerte como tantos otros.

El sol va desapareciendo y entiendo

Que difícilmente logre robarte un espacio

Te conocí con tus tiempos ya ocupados de antemano

Cuando tu vida no era mi vida

Si no la vida de otros con los que tenías vida.