Cuando a la ciudad no le sientan bien los sombreros

Excelente, simplemente hermoso 🙂

Sentir con las plantas de los pies

Antes de llegar se permitió relucir todos sus excesos: ideas, miedos, fantasías y pensamientos.

Había nacido en una ciudad donde circulaba un gran río y quiso llegar a un pueblo con mar. Con su amigo, con quien viajaba, compartían la misma ciudad de agua dulce y una fértil imaginación. La elección fue azarosa; pocos días habilitaban la retirada y el destino era un bosque donde los duendes surfeaban junto a las olas. Pueblo mágico: encantado, anunciaban los letreros, ni siquiera lo dudaron y allá fueron.

Allí divagaron entre charlas, análisis y pensamientos. Recorrieron sus calles, escribieron, caminaron y discutieron. Finalmente cuando frenaron, cuando decidieron tomar un respiro, hacer un alto, ver concretamente el lugar elegido, se dieron cuenta: todo lo que allí lo rodeaban eran excesos. De virutas de pino, de mar, de arena pero también de cuerpos, de molestias, de comidas y desvaríos.

Entonces ellos vieron que los excesos…

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2 respuestas a “Cuando a la ciudad no le sientan bien los sombreros

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