Medio y fin

De  piel color mate

Y pelos bañados de sol

Perdidas y dulces uvas verdes

Piel curtida y alma cansada.

Tus manos grandes y astilladas

Sólo se permiten caricias matutinas de ordeñe y soledad

Observo desde lejos, casi de reojo

Un ternero pelea por su teta

La madre lo evade con la pata

Los tres se reconocen en ése espacio como parte interesada.

De rígida estructura que moldea más que tu cuerpo

Tu pecho de a ratos protesta con fuerza

Contra funestos recuerdos blancos.

De pronto tus ojos se tornan confianzudos

De un salto  te metés a la pileta de lona.

Delator, me escribo y te escribo

Percibo que la poesía es el  medio y el fin

De que seamos posibles de ser.

Me siento cómodo en el desgarro de la poesía

Tengo culpa de que sea el medio

Sospecho de la palabra fin.

Garita escondida

Desafiante pulsión por salir

A crear poemas nuevos en la ruta.

Desciendo del colectivo y no te encuentro

El miedo, la fascinación, los nervios

El erotismo, la tensión, las estrellas

En conjunto, bailan en mi garganta.

Garita perdida en los pastizales

A un costado del camino sin luz

Despojo y restos de amor de lejanos visitantes.

En un manto de Luna Creciente

Se amplifican las emociones

Se profundiza el deseo inmediato

En el reconocimiento de nuestra esencia.

El fuego en tu carta natal

El agua de la mía

La comunión de los elementos

Movimientos y sentires ardientes

De un enero sin lluvias.

El anonimato nocturno es ventaja

Luminiscencia pasajera y ruido ensordecedor

De los pocos autos que transitan

Radiografías, tibias pinturas de dos cuerpos

Se confunden con los latidos

Que se funden en las sombras.

Paradojas

¿Cuántas almas cobija la noche?

¿Cuántos secretos guarda la Luna?

Voces susurrantes, amores, caminos.

Recorremos serpenteantes senderos desiertos

De un alejado pueblo rural

Motocicleta, escape y más tierra

El traslado no interesa

Lo que importa es el silencio de la noche.

Envidio tu atrevida rareza

Tu caprichosa insistencia obstinada

De invitarme a tu casa sólo para verme

Escribir y narrar historias breves.

Dormilones y zorrinos se despiertan ante nuestro paso

Cada tanto me preguntás si voy bien

No pienso en nada, no puedo pensar

He detenido mis creencias y dejado en suspenso mi razón

Sólo contemplo el oscuro paisaje

Elevo mi cabeza hacia el cielo

Levantando los brazos hacia los lados

¿Serán éstos momentos de libertad

Parte de la paradoja de vivir en el encierro?

Tiempos

Sentir con las plantas de los pies

Cuando el viento empieza a soplarte la cara, la brisa suave y fría del invierno te hace despertar ¿Qué es despertar? Uno despierta cuando todas las mañanas cual rutina acostumbrada, nos levantamos, nos lavamos la cara, los dientes, desayunamos y salimos a trabajar, sin siquiera detenernos a pensar, a sentir, a mirarnos en ese espejo que vemos cada mañana. Nosotras vemos el espejo, él no nos muestra nada.

Y vemos lo que preconcebimos, lo que mamamos, lo que elegimos como nutrición desde que estábamos en nuestro útero, en nuestro refugio, en nuestro hogar. El viento sopla, nos sopla y con ellas nuestras ideas, nuestras imágenes mentales, nuestras prenociones ¿Qué de todo aquello es realmente lo que sentimos?

¿Cómo lograr el conocimiento de una misma que nos permita realmente desear lo que nos gusta, lo que nos importa, lo que nos interesa? ¿Cómo generar que aquellas palabras, esas actitudes, estos mandatos…

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Secretos

Cuando secreto rima con goce

Respetamos la precariedad de las condiciones

Logramos construir un universo paralelo.

En la espera, en la casa, en el campo

No me aburro

Aprendí a contar las baldosas rotas del comedor

Las maderas del cielorraso de la pieza

Las moscas que sobrevuelan la mesa donde se hacen los quesos.

Escribo, agudizo mi ingenio y se intensifican mis sentidos

Los perros con antelación inusitada me advierten

La llegada del rastrojero

Valoro demasiado tu audacia y rápidamente

Me vuelvo cómplice y sobrevivo en penumbras.

Por la mirilla observo la tranquera

Me avergüenzo en silencio

Del deseo implícito en la espera.

Carne como adjetivo

No creí posible

adjetivar el campo con la palabra carne.

Metáfora y metonimia

resultan aquí poco apropiadas.

Los recursos literarios devienen

impulsivos, primarios, instintivos.

Los animales de la granja, en celo

Los silvestres, jadean a nuestro ritmo

y danzan nuestra coreografía ritual.

Las actividades diarias, fuertemente rutinizadas

demandan atención permanente.

Resisto contra ese mundo y me vuelvo creativo

descubro mil formas de tomar el mate amargo

que restituye las miradas.

Carqueja, menta, burro y boldo

Me satisface cuando identificás

las hierbas con una sonrisa.

Las treguas al goce y a la piel

resultan necesarias para volvernos humanos.

Tácitamente jugamos una partida

sin haber establecido las reglas.

Mezcla sudorosa, básica

de un verano extremadamente cálido

rodeados de monte nativo y salvaje

donde campo, se adjetiva carne.

Cuando a la ciudad no le sientan bien los sombreros

Excelente, simplemente hermoso 🙂

Sentir con las plantas de los pies

Antes de llegar se permitió relucir todos sus excesos: ideas, miedos, fantasías y pensamientos.

Había nacido en una ciudad donde circulaba un gran río y quiso llegar a un pueblo con mar. Con su amigo, con quien viajaba, compartían la misma ciudad de agua dulce y una fértil imaginación. La elección fue azarosa; pocos días habilitaban la retirada y el destino era un bosque donde los duendes surfeaban junto a las olas. Pueblo mágico: encantado, anunciaban los letreros, ni siquiera lo dudaron y allá fueron.

Allí divagaron entre charlas, análisis y pensamientos. Recorrieron sus calles, escribieron, caminaron y discutieron. Finalmente cuando frenaron, cuando decidieron tomar un respiro, hacer un alto, ver concretamente el lugar elegido, se dieron cuenta: todo lo que allí lo rodeaban eran excesos. De virutas de pino, de mar, de arena pero también de cuerpos, de molestias, de comidas y desvaríos.

Entonces ellos vieron que los excesos…

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